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Arte Corporal: Roberto Torres @ Harisumi
Por I. Cleveland
Fotos por Gabriel Padial
Roberto comenzó su carrera como artista dermográfico hace 8 años; para entonces estudiaba arquitectura y trabajaba en Urbanismo... pero justo antes de terminar su cuarto año comenzó en Senzala. Más adelante trabajó en Casa de la Raza, y ahora lo encontramos en Harisumi.
“Allí en Casa de la Raza tenían otras ideas de compartir más lo que estaba haciendo cada cual en vez de trabajar cada cual por su cuenta. Igual que lo que ocurre ahora mismo aquí en Harisumi; es un grupo de gente que cada cual hace lo suyo, pero aprenden unos de otros”.
¿Hay relación entre la arquitectura y el arte de los tatuajes? R.- Uno no puede hacer lo que uno quiere, porque los clientes llegan con la idea y un concepto preconcebido y uno tiene que sacárselo de la cabeza, que es parecido a la arquitectura. Pero, aunque no hay relación directa, me ayudó mucho el conocer ese proceso... el diseño y eso.
¿Cómo llegó a ti el interés por los tatuajes?
R.- El primero que hice fue que me corté con una navaja jem y me puse tinta, porque así fue que me explicaron que se hacían y yo tenía como 12 años. Obviamente, en casa me gritaron... ya no me queda, porque me hice algo encima.... Después, mi primera máquina fue como para el ‘97. Para ese tiempo esto (esta escena) estaba en transición a volverse popular. Antes no había mucha información más que en revistas. Uno compraba las máquinas en revistas y no hacía ningún avance, porque no sabías qué ibas a hacer después con eso. Pero cuando yo lo hice busqué a alguien. Fue una casualidad que cuando lo compré, “Danny el potente” también había comprado una la misma semana. Con él empecé, y así aprendí. Tuve más acceso a los que tatuaban en las tiendas y eso... Para ese tiempo yo estaba en la Escuela de Arquitectura de la Poli (Universidad Politécnica) y trabajaba en Urbanismo en el Viejo San Juan.
¿Haz hecho alguna vez una pieza que te haya conmovido, o algo muy significativo para el cliente?
R.- Sí, algo que yo no pueda considerar significativo puede que para la otra persona sí. Igual me traen algo que yo he hecho 20 veces, pero para la persona es algo bien profundo. Algo que me conmovió mucho, fue que le hice el retrato al papá de la nena de la “bala perdida” como en el 2000, le hice tres tatuajes de ella a él... en dos meses le hice tres fotos diferentes. Me sentía súper raro, porque yo decía “¡wow, tres!”, pero quién soy yo para cuestionarle.
¿Cuales son las piezas que más detestas hacer?
R.- En realidad trato de que me guste todo lo que hago. Aunque algo me parezca tedioso, lo que hago es que me concentro en el funcionamiento de las máquinas. Es un proceso de experimentación, cada máquina funciona diferente para cada área del cuerpo. Yo utilizo esas ocasiones de tatuajes no atractivos por su temática, me meto más en la técnica.
¿Te desenvuelves en algún otro tipo de arte?
R.- Antes de arquitectura estudié pintura y artes plásticas en el ’92. De ahí me cambié a arquitectura y ahora abrieron un programa de adultos en Artes Plásticas y estoy terminando ese bachillerato porque me acreditaron arquitectura. Pero, como mi interés no era terminar por un grado ni nada, empecé a tomar las clases del Departamento de Gráfica para mantenerme y yo nunca había experimentado con ese medio y empecé a coger menos clases de graduarme y más de las otras, y en esas estoy ahora. Tengo la necesidad de aprender, pero no la urgencia de que me certifiquen con un papel para hacer lo que quiero. Uno sabe lo que da, es más importante lo que uno pueda aprender que una certificación.
¿Cuál es el tema que más predomina en tu portafolio?
R.- El portafolio es algo comercial y ahí están las temáticas más recurrentes, porque eso es lo que la gente está buscando y una que otra pieza de lo que a uno le gusta hacer. En mi caso, tengo una clientela específica que se hacen este tipo de trabajos, porque es una cuestión de imagen que no se las hace todo el mundo, son unos monstritos. Ahí es que integro el dibujo técnico y la arquitectura al yo poder integrar las líneas sueltas. Hay mucha gente que han llegado por referencia de otros amigos que he tatuado de esa manera, que les han gustado y he tenido la oportunidad de hacer ese tipo de piezas que no son las más frecuentes, pero sí las más que me disfruto hacer.
¿Siempre serás tatuador?
R.- Sí, porque es lo que me gusta. Eso y pintar. Las veo a las dos como una. Una complementa a la otra. Igual como uno trae técnicas no directas del tatuaje a la pintura ¡Porque, no voy a pintar un canvas con una máquina! -aunque podría-, pero sí puedo llevar procesos que uno ha utilizado en el tatuaje y llevarlos... aparte de que al tatuar uno está dibujando todo el tiempo, estás tatuando, es un proceso más grafico. Estar dibujando todo el tiempo es como tener un catálogo que se está desarrollando todo el tiempo y cuando te piden algo, pues usas el catálogo de referencia...
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