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Oda a la pala
Por Myrna Renaud

Los creadores del trabajo artístico en este país vivimos amargados por la futilidad de nuestras gestiones en pro de una vida digna. Queremos trabajar. Es bien sabido que las burocracias corporativas y públicas se loan en la mediocridad. Enumerar sus patologías a estas alturas sería un ejercicio autodestructivo. La alternativa es purgar y expulsar estos demonios desde la corpo-realidad de la imagen y el sonido, tal y como lo hizo el espectáculo performativo RABIETA; un encontronazo de medios que se batió a duelo con el “no se puede” (pie forzado predilecto de nuestros ineptos servidores públicos), se mofó de la autocompasión y desesperanza y a fin de cuentas, exaltó nuestra capacidad combativa, no sin antes llevar la bola a nuestra cancha, responsabilizándonos por el deterioro ecológico, ambiental y social.

La arquitectura antigua de Casa Cruz de la Luna* en San Germán con sus nobles pisos y puertas de madera, arcos y argamasa, trancas de hierro y piletas amplias, escaleras de tablones sólidos y techos altos; retoñó inspiración para la curaduría programática sabia y juguetona. Nos llevaron por un recorrido de los espacios y recovecos de la estructura, concluyendo el performance en el salón donde había comenzado. Para entonces teníamos los sesos y los sentimientos molidos. En ese estado anímico, presenciamos El Día Que Yemayá Casi Se Ahoga En El Mar (coreografía y danza de María Elena García). La instalación de bolsas plásticas flotando en el espacio en zig-zag colmó la copa. Contribuimos a la crisis ecológica y nos importa un bledo. Somos puercos. Hemos transformado al planeta en un vertedero global.

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La dueña y señora de los mares y océanos está en un aprieto. El plástico la tiene “ajorá”.
Le cuesta bailar, arrullar y desplazarse en la cadencia fluida de su lar. Se le nubla la luna y eso la frustra y hunde. Sus capacidades se debilitan y tiene que batallarse con el desperdicio humano para mantenerse a flote. García no se rinde. Esta pieza se transformará en herramienta de denuncia y acción cívica el próximo sábado 28 de mayo a las 4:30 p.m. en la playa “La Punta” de Costa Azul, a la altura de la quebrada, dentro del contexto del 3er Festival Internacional DANZ’AQUÍ, en Luquillo.

Regresemos a RABIETA y comencemos por el principio: Burocrisis, pieza de danza-teatro dirigida por Heriberto Ramírez Ayala, bailada por María Elena García y Verónica E. Rodríguez Ojeda.

El preámbulo teatral en alguna oficina del ELA nos muestra a Ramírez interpretando a un “empleado de carrera” (un mulato con un “papaso” bestial) dándole seguimiento a la propuesta de proyecto sometida por una bailarina. Para variar, “el casito” anda atascado. No existe en esa oficina ser humano alguno que tome la iniciativa de servir a la constituyente. El empleadillo se dedica a hablar de su afán por el arte y de recordar su propia experiencia artística en el jardín de infantes cuando declamaba poesía negroide. La palabra negroide desata una convulsión en García, aflorando en un ataque epiléptico de proporciones mayores.

Entra “la Pala” manipulada por Rodríguez. Lo que sigue es un trío entre las dos bailarinas y el elemento que ataca y sorprende por su claridad coreográfica. Toda la expresión va directa al hígado, tal y como la viven en carne propia las bailarinas. Es un deleite de contemporaneidad, con un vocabulario fresco, atrevido y económico. Por supuesto: la pala vence.

Nos adentramos en la casa y en las viejas piletas que una vez se usaron para teñir textil y dar de beber a las bestias, nos topamos con un personaje grotescamente desproporcionado. Cabeza, brazos y torso de mulato hermoso musculoso, descombinado con unas piernitas flácidas, cortas e inusables de veterano de guerra mancillado.

Desde el fluir de conciencia, la poesía rememorativa de Sexo Oral “Modefoquer” (concepto y realización de Raúl “Gorras” Morris) combina una secuencia videográfica en contrapunto a una cadencia melosa y evangelizadora vocal que nos pone nerviosos e incómodos. Una pieza difícil y hermosa, cruda y delicada, pesada y exuberante; tan contradictoria como la condición humana.

Abrimos la puerta a un salón grande. Una estrella de mar gigante acostada en el piso cobra vida. Picos, tensores, arcos crecientes, triángulos, romboides, elipsis, formas protozoarias, desplazamientos gelatinosos que se levantan en verticalidad aerodinámica, formas humanoides casi imperceptibles y un rompimiento temático descomunal hacen de la composición coreográfica de Arte (concepto de Verónica E. Rodríguez Ojeda, bailarinas: García y Rodríguez) un verdadero remanso intelectual.

Las bailarinas emergen, del elemento textil, sudadas, despeinadas y sin aire. Pasan el sombrero entre el público, recogen su dinero y por ahí lo siguen a tomarse el cafecito. Arte callejero como alternativa de producción y sustento. “Síguelo, que está verde”.

En un extremo de ese mismo salón hay una tarima rústica cubierta de telas. Yardas interminables de texturas, estampados, pesos y calidades anidan a la mujer que nace de ese enredo. El cuarto de costura alberga a la niña-mujer en su batalla campal contra el cambio fisiológico y la exposición traumada de su cuerpo a la vista de todos.

Cuerpo Público (concepto y realización de Beliza Torres Narváez) hilvana, frunce, zurce y desbarata los patrones atemorizantes del comportamiento de su protagonista. La obra instalativa de Torres es compleja y simbólica. Si de cortar se trata, la opción de las doce o más distintas tijeras flotantes la embarga con la indecisión. El espacio está recargado de hilos, canastas, cofres, tiras de puntilla y secciones de patrones con consignas alarmantes o conciliatorias. Es un “burulú” barroco que francamente atosiga el campo visual. El texto parco y femenino es el elemento contrastante que mantiene a la pieza equilibrada. Esta es una obra sabiamente elaborada. Es un vestido de fiesta entallado a la medida, una crisálida sedosa y trasluciente.

Dos son los momentos de catarsis. El primero es el combate con la tijera que la rompe hasta descomponerla. El segundo es la develación de su desnudez ante el público y el espejo que la reconstruye hasta la concientización y aceptación de su anatomía.

El interludio fílmico-sonoro del colectivo plástico-musical Matotumba: Irritación Espontánea, llega como aliciente. El estilo experimental y meditativo es zozobrante. La fusión electro-acústica permite un momento de exhalación y descanso. Los visuales resumen de una manera indirecta todo lo que se ha pronunciado hasta el momento. Mejor que así fuera, porque lo que nos espera es “cañinga de mono”.

Por el entretejido posterior de las escaleras que van a algún lugar de la casa no accesible al público, un ser en descomposición ronronea. Cuelga de muros y tablones. Escarba el suelo. Se aferra a la nada. Camina en cuatro patas, se pudre ante nuestros ojos y el charco de mierda con los pedazos colgantes de su carne traza la topografía alarmante de aquello que nos sucede bien de cerca, pero que preferimos obviar por pena. La pena mata.

O+ (concepto y realización de Heriberto Ramírez Ayala) parte de una fisicalidad decidida y segura. Aquí me quito el sombrero puesto que el actor se funde con el bailarín sin costura o remiendo visible. ¿Cómo lo hace? ¿Por dónde se nos escurre?

La imagen final me para los pelos cada vez que la recuerdo. De hecho, no se hizo para olvidar.

No encontramos cómo pasarle por el lado al cuerpo tendido en el suelo ya que nos asquea su proximidad. Algunos no lo miran mientras salen del salón, otros se congelan frente al desperdicio humano y lo examinan con curiosidad clínica mientras se les descompone el rostro. Todos guardan silencio.

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Teatro Camagua y Casa Cruz de la Luna presentaron.
Heriberto Ramírez Ayala y Gabriel Vallecillo produjeron.
Los integrantes de Matotumba; Jorge Martínez, Wilberto Vázquez, Héctor Román, Robin Alicea, Milton Ramírez, Johnatan Ríos, Juan Marrero, Nomar Díaz y Milton Galloza ofrecieron apoyo técnico en las áreas de audio, vídeo, ambientación, percusión y composición musical.
Javo Grant y Vallecillo operaron iluminación y sonido.
Michelle Álvarez, Vallecillo y Mc Beth documentaron en vídeo y fotografía.
Diseño de publicidad: Verónica E. Rodríguez Ojeda
Diseño de programa e instalación con Pala: Vallecillo

Esta producción contó con el auspicio de la Comisión Conjunta de Donativos de la Legislatura de Puerto Rico

* A Casa Cruz de la Luna le falta sólo un detalle para convertirse en un espacio completamente público y accesible a todos los ciudadanos: cumplir con los estatutos federales de la ley ADA para eliminar las barreras arquitectónicas. Esta servidora con gusto los asesoraría en esa empresa.














COMMENTS:
Veronica Rodríguez Ojeda-Xclusivo-Elenco Rompe Silencio-6/1/2006 14650
Luis Pacheco-Apreciación-4/20/2006 14051
Angel Santos-LA Rabieta se extiende...-7/23/2005 10616
Elisaura Vazquez-comentario de Rabieta-6/11/2005 10094
Annette-me encanto Rabieta-6/10/2005 10070
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