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¡Cuanta Andanza!

Por Myrna Renaud
Fotos por Vanessa Malavé

El programa Sólo Andanza, llevado a escena el 22, 23 y 24 de abril, en la Sala de Drama Rene Marqués del Centro de Bellas Artes de Santurce, intencionó la brevedad (según notas de programa) tanto de las piezas como de sus andamiajes escenográficos. Satisfecha con esta promesa, sonreí. La tendencia de esta excepcional compañía neo-clásica que habita la danza moderna histórica, es sobrecargar el tiempo y el espacio en sus programas; bien sea danzando todas las notas de los acompañamientos musicales, integrando construcciones cuyas escalas obstruyen el movimiento o continuando el programa justo en el momento en que todo está dicho. Gran parte de esta sensación de llenura se debe a que su vocabulario dancístico se dedica estrictamente a la arquitectura del cuerpo en el espacio, socavando las posibilidades de explorar contrastes y profundidades que emergen de la quietud y el silencio.

En la danza contemporánea, la intimidad y entrega con el piso es producto de un trabajo técnico. Lejos de ser una rabieta pasajera o una vagancia estilística, es una tarea que forma y fortalece al instrumento, ampliando sus posibilidades de desplazamiento y expandiendo el vocabulario. La danza contemporánea revuelca los sentidos hasta expulsarlos en una inmensa variedad de formas porque se toma riesgos temáticos, físicos y conceptuales. Cuando no nos está succionando hasta la materia vital humana, nos está lanzando a lo desconocido. Estas empresas también son producto de un trabajo técnico que rompe y re-compone la línea, aislando las distintas partes del cuerpo de su centro de gravedad, para luego regresarlas por todas las vías anatómicamente posibles. Si Andanza deseara comprometerse con este tipo de entrenamiento y visión, sus escaparates técnicos “en bravado” se transformarían en pura esencia con certera brevedad.

A continuación, me tomo la libertad de entallar la colección de prendas ofrecidas. Mi criterio parte desde el oficio coreográfico.

Primitivo / Urbano [coreografía: Carlos Iván Santos] y Siguiendo el Camino [coreografía: Alvin Rangel] son piezas de conjunto que recorren un panorama amplio de emociones y estados físicos. En las proximidades, contactos y emparejamientos relucen las afinidades entre Roberto López, Olaya Muentes, Ivelisse Negrón, Rodney Rivera, Lolita Villanúa y Vesna Lantigua. De primera intención, estos bailarines aparentan estar cortados por la misma vara, pero si nos detenemos a observar, hay un juego rítmico que sustenta la diferencia entre sus ataques a la forma. López tienta, Muentes presiona, Negrón explota, Rivera ata, Villanúa fluye y Lantigua arrasa.

El recurso del chiaroscuro y penumbra creado por los dos entes con instrumentos de iluminación, pobló el escenario sorpresivamente, exprimiéndole sabor y sentimiento al momento. La música de David Rubio alimentó esas emociones. Primitivo / Urbano: tremenda pieza para abrir un concierto.

La brillantez melódica de Siguiendo el Camino evocó añoranzas y cuentos a la sombra de una hermosa ceiba una tarde en Cayey. La levedad de todos los elementos me obsequió sosiego y paz, un cierre de programa ideal para calmar los ánimos después de los ofrecimientos tempestuosos de Segundo Aire [coreografía: Luisa García] y Adentro [coreografía: Jesús Miranda].

Luisa García y Jesús Miranda barrieron el escenario. Lo limpiaron, estregaron y pulieron. Lijaron esa superficie en preparación a la colisión que conformó sus cráneos en una simbiosis vertiginosa. Les tronaron los ojos al encontrarse en la quietud del movimiento y en ése instante elocuente, intercambiaron piel. Sólo eso.

Esta pieza tiene motivos, momentos y pasajes reminiscentes del dueto Urban Air, quien García baila con Pedro Osorio. Me pregunto si es una continuación o secuela, en cuyo caso debió especificarse en las notas de programa.

Adentro vibró como cuerda cimbreante de guitarra eléctrica en tiempo de rock. Lantigua y Miranda son la perfecta manifestación de un todo. Lantigua es la danza hecha cuerpo, intelecto y espíritu y Miranda es el maestro de la composición astuta. Dice lo necesario y siembra emociones.

Dos telones laterales limitando el espacio escénico enmarcaron el tiempo de nacimiento y vida de una partícula multicolor, abstraída en escala hasta transformarse en cuerpo humano.

A manera de flama gigante, una proyección lumínica sobre el telón a escena izquierda da paso a una pierna que emerge hasta convertirse en cuerpo. En su zozobra y revoloteo, la partícula es absorbida por el vacío y se nos desaparece por una fisura del telón a escena derecha.

Miranda abstrajo el tiempo de un curioso momento para hacernos partícipes de su belleza.

Me retiro afirmando: menos es más.














COMMENTS:
la renaud-danza!-5/9/2005 9619
Ñequi G.-ANDANZA-5/5/2005 9541
Hiperbole-Estética audiovisual-5/3/2005 9511
capitan-bueno-5/2/2005 9496
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