|
|

|
|
Como puntas de espina y fibras de maguey
Por: Myrna Renaud
Fotos: Janyl Rodríguez

La compañía Black Cactus Choir escogió muy bien su nombre. Este cuarteto que nos llega de San Francisco; Mariane Charline, Dan Dehnhardt, Heather Nicole y Mathew Von White Man, posee cuerpos tan jugosos y fuertes como esos imponentes troncos de cactus que vemos en los desiertos de Nuevo México, Arizona y California, con sus extremidades angulares y juguetonas. Visten primordialmente de negro, añadiendo y sustrayendo accesorios y elementos de vestuario según el espíritu del experimento les indique. La plétora de movimientos pequeños y veloces de sus extremidades en conjunto con la gran variedad de sus gestos faciales son miles de espinas sobresalientes, muy variadas en tamaño y forma. De vez en cuando al cactus le brota una flor, perecedera y hermosa, nacida de la noche, alimentada de su negrura.
Charline, Dehnhardt, Nicole y Von White Man se encontraron en City College, San Francisco a principios del año en curso. Formaron la compañía para colaborar desde sus conocimientos y fuertes dancísticos. Las notas de programa indican que sus movimientos son experimentos informados en base a más de dos docenas de técnicas y estilos de danza/movimiento, teatro, circo, conciencia corporal, sanación y arte público interdisciplinario. Añado que la amplia gama de composiciones musicales, tanto en vivo como pregrabadas, amplían el paisaje sonoro, a veces acompañando y otras protagonizando. Su misión artística parte desde la composición del collage de danza para presentaciones site-specific y teatrales.
El viernes 24 de noviembre presenciamos la función de cierre de su gira puertorriqueña en Taller Cé.
En escena hay timbas, batería, guitarra eléctrica y una escalera. Entran los bailarines, Nicole suena su pito organizando el flujo de movimiento, cual comienzo de circo, match de boxeo o dirección de tráfico en el tapón de la Avenida Ponce de León a la altura de la parada 24 a mediodía. Charline desde la escalera grita por ayuda al público mientras el redoble de timba crece y se torna en ritmo de bomba. Dehnhardt y Von White Man responden con respiraciones profundas y sonoras como si estuvieran a punto de parir. Son surrealistas de alma y corazón. Juegan duro. Una vez que empiezan no paran.
Danza angulosa y marcial. Caras de asustados. Zoológico humano. Dedos apuntando sin tregua. Enmascarado fetichista. Espirales de alta tensión. Ritual de sumergir la cabeza en agua fría. Ausencia de líneas curvas y de fluidez. Ausencia de sutilezas y ternuras. Todo erecto, tumescente. ¡Quiero un fucking release!
Continúan: empujan, tornean, cortan, tambalean, interrumpen, remenean, tiemblan, chocan, explotan, implotan, giran, saltan, vice-versa, son hélices temblequeantes; máquinas en perpetuo movimiento. Son un verdadero reflejo de nuestra sociedad. No tienen sosiego. En apariencia, todo lo que bailan parece tener el mismo tempo y ataque. No es así. Existen muchos momentos de atención calmada y generosidad espiritual que se pierden por falta de desarrollo conceptual. Supongo que la estructura del collage les exige ese tijeretazo para la sobreimposición o yuxtaposición de los movimientos convertidos en imágenes. ¿O será que las imágenes son convertidas en movimiento? A mi parecer, se han llevado el concepto de collage tan a pecho, que no están prestando atención a la multidimensionalidad del cuerpo en el espacio y las composiciones se les están quedando muy planas, en una mera bidimensionalidad. El dúo con las telas verdes de las mujeres (el cual no tuvo desarrollo y por su abrupto terminar también rechinó conceptualmente) refrescó el fuego hiriente momentáneamente, sólo para embestirnos nuevamente con los dos hombres, cual gladiadores en un terreno de animación caricaturesca, sin lugar a dudas virtuoso e impactante, pero plano, plano, plano…
Desde el interludio de timbas, a son de guaguancó, yambú y bomba (colaboración con los músicos Jaime S. Zambrana, Daniel Pérez Sánchez y el invitado especial Anthony Amaurys) se colaron la guitarra eléctrica, la pandereta, el tom tom de la batería, dos violines y un xilófono para crear un circo de sonido fantástico. Todos y todas en escena se turnan los instrumentos hasta crear una brutal confusión. Hacia tiempo que no presenciaba un “honking” tan sinfónico. Me transportaron a los conciertos de Chicago Art Ensemble y Sun Ra Arkestra en sus mejores momentos.
Siguieron bailando pero yo me desconcentré debido a la repetición del vocabulario, aunque incluyeron nuevos elementos físicos-esculturales y nuevas configuraciones músico-estructurales.
Un delicado momento exige mi atención a un patrón de respiraciones con resoplidos que crean una masa armónica como cimiento a un exquisito movimiento de balancín a dúo. Mientras Dehnhardt andaba en la cresta, Von White Man andaba en la bajada y en ese intercalar de lugares y columpiar gigante, las respiraciones de los cuatro tejieron una masa densa y airosa.
Estoy ansiosa que aprendan a respirar desde el corazón y no exclusivamente desde el intelecto, a cogerlo con calma para que los conceptos no se quiebren y afloren orgánicamente, a modular toda esa ligereza física para que descubran y muevan las ilimitadas variedades de energía. Sin duda, ya están de camino.








Más Fotos >>
|
|
Copyright © 2007 Mannonnetwork.com.
Derechos Reservados.
Prohibido su uso sin el debido consentimiento del autor. Contacto a Mannonnetwork.com.
|
|
|
|
 |
|
|
|