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Alemania: Cede Antirracista del Mundial del Fútbol
Por Jennifer N. Arriaga
En el comienzo de la Copa Mundial del Fútbol en Alemania la reafirmación de antirracismo fue recurrente. Sin embargo, al escuchar las narraciones de los partidos pude notar comentarios racistas. Desde alusiones a características de equipos completos por ser de tal o cual país, hasta descripciones particulares de los jugadores mencionando características culturales y de índole racial. No se puede negar que hay diversidad de estrategia en el juego; mientras que los brasileros bailan para mover el balón, otros países se caracterizan por su agresividad. Pero estas características pueden tener muchas explicaciones, como el estilo del jugador, su entrenamiento y como en el caso de Brasil, elementos culturales como la influencia de la Capoeira. El análisis de un dirigente ante el juego del equipo brasilero reiteraba que las pocas oportunidades de estudio que tienen los llevan a aprender a jugar en el tiempo de ocio. Podría ponerme a desmenuzar el comentario del dirigente, pero prefiero mirar lo más amplio; el racismo en el deporte. Con la competencia entra el racismo muchas veces, como cuando dicen que se juega mejor si se es negro. En algunos deportes entra el cliché de tener habilidad por clase social, como en deportes como el golf o el tenis. Recuerdo una vez en Sur África a unos niños jugando golf “callejero” en el campo que se adentraba al bosque donde vivían como rescatadores de terrenos.
Lamentablemente esta situación no se queda en aquel comentario racista que se escucha de algún narrador, sino que llega a extremos violentos. Aunque el Mundial de Fútbol reiteró no al racismo, su final fue doblemente violenta; el cabezazo que le costó a los franceses la copa fue motivado por un comentario racista de su oponente. En una de aquellas noches alegres en Puerto Rico, donde Tito le ganó a De la Hoya una llamada me comunicaba que un grupo de boricuas había matado a golpes a un mejicano, luego de la pelea por el furor racial.
Las guerras que llevan los países a nivel político también influencian lo que ocurre en eventos deportivos. La Guerra Santa llevó a actos terroristas en las Olimpiadas de Munich, la guerra fría dejó varios países fuera de eventos y las vivencias de los equipos cubanos que compiten en el extranjero, son solo algunos ejemplos.
Me parece que el deporte debe ser la excusa para la unión mundial; una búsqueda de validación mutua, donde todos los países puedan participar. La competencia se asocia con derrota y por ende con poder, en el deporte debe ser al revés. En él las derrotas deben ser la excusa para trabajar duro, abrir puertas a otros y compartir la experiencia con los demás. Las corporaciones que invirtieron en el Mundial se sintieron defraudadas por la falta de “emoción”. Están buscando nuevas ideas para el 2010. Si me preguntan, les digo que el apoyo económico que necesitan los jugadores de cada país para prepararse y entrenar debe ser completamente equitativo. Eso puede garantizar que el juego sea cada vez más interesante, y seguir la integración extranjera, dando lugar a la diversidad racial y étnica bajo una misma bandera. Me parece que cualquier persona, de cualquier país puede ser un fenómeno maravilloso que rompe marcas.
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