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¿Noticias que atentan?
Por Jennifer Nilenie
Para muchos la frase “después y antes del nueve-once” es bastante común y entendible. Se escucha con regularidad en los medios de comunicación, la política y el derecho. El uso de la frase se refiere al tiempo marcado por los trágicos sucesos que han cambiado muchas cosas alrededor del mundo. Se puede decir, sin embargo, que donde más la cosa ha cambiado ha sido en Estados Unidos. No solo la inspección de viajeros se ha convertido en un modo por garantizar la seguridad nacional, sino que se expande poco a poco a cosas más cotidianas. Recientemente esta expansión tocó de cerca aspectos relacionados a los medios noticiosos.
Aunque los medios no han sido faltos de corrupción, sensacionalismo y engaño, las medidas por reformar el derecho a la libertad de expresión que gozan los reporteros ya no son un mito. Cualquier noticia relacionada con clandestinaje, alertas o expresiones de grupos particulares ya no se ampara bajo el derecho la libertad de prensa, ahora son propiedad del Departamento de Seguridad Nacional.
Esto me incomoda, me hace sentir menos en conocimiento de lo que pasa a mi alrededor, menos “al día” con la noticia y mucho menos en contacto con la realidad. Me luce que cada noticia reportada es cautelosamente inspeccionada y purificada en búsqueda de “nuevas pistas”. Con tanta amenaza de terrorismo y de armamento nuclear, usted tal vez se preguntará cual es mi preocupación, si al parecer estas nuevas medidas son para garantizar la “seguridad nacional”.
Podría irme por la clásica línea ¿De cuál nación hablamos?, pero no entraré en esas aguas hoy. Me propongo pensar más en cómo cambia la vida esa “pequeñez”; censurar la libertad de prensa.
Es ya de conocimiento común que las noticias que salen de la guerra en Irak son manipuladas en aspectos de cifras, fechas y nombres, por lo que no es difícil imaginar qué pasaría sin libertad de prensa. ¿Cuántas guerras acontecerían sin ser reportadas o tan siquiera anunciadas? ¿Cuántas historias de abusos contra civiles o soldados serían excluidas?
¿Qué es ser un periodista sin poder documentar el hecho que conoces? ¿Quién querrá creer lo que no está claro, completo o preciso? Tal vez me remonto a la metáfora de la vida donde nos hacen ciegos de lo que ya se ve. Tal vez para muchos es mejor no saber que Bin Laden sigue vivo, es el camino más fácil.
¿Qué será de periodistas como Yolanda Vélez Arcelay o Daisy Sánchez quienes entrevistaron a Filiberto Ojeda Ríos en múltiples ocasiones y mantuvieron sus fuentes clandestinas, acorde con la ética profesional? ¿Seguirán cubriendo la noticia fresca y cierta, sin importar las consecuencias? Y el resto, ¿seguiremos comprando noticias lavadas por el Homeland Security o buscaremos descubrir la verdad nosotros mismos?
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