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Hostel: ¡Que viva el asco!
Por Marién Vélez Rodríguez
Vuela rojo denso. Se activan los gritos del miedo más indeseado. Se cosifica el cuerpo, siendo la destrucción el encuentro entre tortura y placer. La incomodidad puede que entonces se vuelva satisfacción. La distancia entre la pieza y el espectador es mediada por un canal que te permite ver un acto terrible sin ser implicado / a directamente en ello. Se observan cara a cara el consumir un espectáculo visual en pantalla grande y el consumirlo en los cuartos oscuros, vomitados y temerosos de Hostel: película dirigida por Eli Roth y producida por Quentin Tarantino (2005). Es el morbo de la fragmentación corporal que produce presenciar la peor de las torturas: la no esperada ni deseada. Entonces te habita la paradoja de no poder dejar de observar lo que tanto asco te produce.
La caída de luz es rápida y los colores fríos, las sombras marcadas y los niveles altos del negro; contrastan con la apariencia de película banal (iluminación plana, luces difuminadas, colores desaturados, una Europa fantástica), en momentos en los cuales los personajes desconocen de este terrible submundo. Según Roth y Tarantino el guión original tuvo que alejarse un tanto del “terror fantástico” para convertir el filme en uno de “terror realista” donde lo sucio inunda todo.
Se trata de excursionistas que viajan a Eslovaquia en busca de jangueos exhaustos. Creen pensar como los eslovacos, hasta que su instancia en uno de los sitios más excitantes muta a una experiencia desagradable. Vienen con aires patéticos de buscar sexo, drogas… y más sexo… y más drogas. Nos airea entonces una película juvenil de las “hollywoodenses”, en la cual no se es tan explícito en el sexo como con los asuntos sangrientos. Evidentemente estos chicos tienen la necesidad norteamericana de “consumir-se” sobre lo normal antes de adentrarse en la adultez.
Existe entre tanta cosa asqueante, pequeñas ranuras donde se cuela la risa tímida (o la antesala a la risa: un pequeño “entretanto” ambiguo en donde uno / a no sabe bien cómo sentirse al respecto). El absurdo atrae la atención al ver los personajes implicados en un intento de huida que abarca el grueso del filme. Estas instancias alivianan, hacen que el filme respire y amase su próxima sorpresa.
Más que el libreto, la impresionante imagen es la que funge como elemento principal. Es la cultura del súper espectáculo y del exceso la que se planta en pantalla. Los personajes que participan de estas ceremonias (tanto el que destruye como el que es destrozado) no tienen un gran desarrollo ni tampoco se detiene la trama en los “por qués de estos pensamientos enfermizos. Quizá esto ni importe tanto, como lo es, por ejemplo, el dejar boquiabierto al espectador.
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