La subterránea y su estado actual Atravesamos un momento musicalmente fértil en Puerto Rico. A pesar de las quejas. Por CRJ
En estos días de tanta confusión social y política, donde nuestros líderes se rebajan a los puntos más abismales que pueda hacerlo un ser humano hambriento de poder, he notado la presencia de un desligamiento o enajenación absoluta del artista joven de hoy día. Una apatía absoluta hacia lo que no nos concierne.
En Puerto Rico, lugar donde muchos vivimos quejándonos constantemente entre tantos lujos, existen males sociales que no podemos encontrar en ningún otro país del mundo. Los artistas y compositores musicales también caemos en la redada... Es mucho mayor el número de personas que andan quejándose y criticando el por qué de su escasa fama ante el fenómeno del reggaetón (por poner un ejemplo), que el número de personas que verdaderamente hacen algo por exponer su obra.
El músico promedio puertorriqueño está convencido de que lo merece todo en bandeja de plata. Está convencido de que debe ser escuchado y de que todo lo que tiene que decir es importante. Posee una necesidad intensa de recibir una "palmadita en la espalda" de sus amigos y colegas. Piensa que las masas deben ser su audiencia, cuando está más que probado que existe una comunidad subterránea sustancial (y eso es todo un tema aparte en sí). No estoy hablando solamente de los géneros musicales más extremos. Hablo de TODOS. Nos quejamos de la falta de espacio en los medios y de la indiferencia de entidades culturales o corporaciones hacia nuestra música. Pero... ¿A quién le importa?
Si los medios de comunicación masiva, los gigantes corporativos y otros no les interesa lo que hacemos, ¿cuál es el uso de insistir en su patrocinio? Hay miles de rutas alternas a escoger para promover lo que haces. Puerto Rico es un lugar que debe ser ejemplo de autogestión. Si no estás de acuerdo con la autogestión, te prometo un futuro largo, incierto y fatal.
Además, ¿dónde está el amor a lo que hacemos? ¿O acaso aquí se les llenaron los ojos a todos con el dinero? (tal vez, por ejemplo, del poder de convocatoria del reggaetón - un género o propuesta que surgió independiente a los medios). Claro, también existen los que sólo tocan música de otros, y pueden sobrevivir. Pero ¿dónde está el valor artístico en alguien que toca 35 canciones como papagallo? Tocar música de otros artistas y compositores era la ley en el mundo pop de la década de los años 1960, pero al menos esos artistas INTERPRETABAN esas canciones. En eso encontramos de nuevo el proceso creativo en función.
El dinero cambia todo. Esto ha sido así desde que el ser humano tiene uso de razón. La plaga de personajes con algún conocimiento en negocios, buscando "manejar" grupos comenzó a eso del 1994-1995 (un concepto muy interesante que constituye el manejar, conseguir fechas y prensa, simultáneamente). El problema recae en que estas personas, en su mayoría, ven solamente el lado lucrativo del negocio, una oportunidad de hacer dinero y, a la vez, darle la mano a algún conocido. Casi todos los ejemplares de éste fenómeno los personifican individuos que piensan en grande, venden sueños y fantasías inalcanzables y muchas veces conocen muy poco de la industria discográfica; o conocen la industria desde una perspectiva de música tropical, lo que no aplica a la realidad de las vertientes subterráneas. El concepto está muerto desde el principio. Si las expectativas no se cumplen, “kaput”. De nuevo, la música sufre... el arte sufre.
De los sellos multinacionales, ni hablar. ¿Se han dado cuenta, que a la vez que algún grupo de rock local vende lo suficiente como independiente, se le acercan todas estas sanguijuelas a ofrecerle villas y castillos? Me pregunto porqué, al tener presente los intentos generalmente fallidos de grupos como Puya, Skapulario y Sol d'Menta (que han firmado contratos con multinacionales), hay muchos que aún apuestan por un contrato de esclavitud segura con estos depredadores. A las multinacionales no les importa el arte, no les importa tu música, sólo les importa sus ganancias. Una pregunta como buen ejemplo: ¿Acaso crees que una multinacional te dejaría retener tus derechos de autor? Imposible. Tu música, tus arreglos, tus letras... TODO pasa a ser propiedad de la corporación para la que trabajas. 1+1=2.
En la década de los años 1980 y a principio de los 1990, en Puerto Rico era casi imposible organizar un concierto. Lo hacíamos en centros comunales, marquesinas, patios y alguna que otra barra que nos dejaban usar en horas infernales. En el 2005 hay shows todas las semanas, a veces tres o cuatro en el mismo día y de todos los géneros... Dime tú si eso no es crecimiento y autogestión. Entonces ¿con qué cara nos quejamos?
Mi inquietud es más bien instigar a la reflexión sobre dónde estamos parados en el 2005, como comunidad. Hablo de la comunidad musical en total. Sin distinción de géneros o intereses. ¿Está cada cual comprando un sueño que se le ha vendido fraudulentamente? ¿Cuál es el uso de añorar fama y reconocimiento, si nuestro amor es la música y la expresión individual? ¿Por qué tanto odio a otros que no piensan como nosotros? Diferencias existen - hasta entre nosotros mismos. Mejor, respetemos el espacio de los demás y que cada quien lleve su rollo como quiera. Pienso que muchos pasamos más tiempo soñando con utopías, que trabajando por nuestra supervivencia. La coexistencia es mejor que la unión forzada. Es más real. Es necesaria.
¿Y los medios, qué importan? Verdaderamente, ¿te sentirás más importante o realizado si ves tu cara en la televisión todos los días? ¿Enriquece de alguna forma a tu arte, el que te reconozcan en la calle? La verdad es que si miramos más allá de los estereotipos del rock y la fortuna que se glorificaron en décadas anteriores, nos damos cuenta que la fama y el reconocimiento al personaje no valen NADA. Lo único que debe importar es la música. El proceso creativo. La expresión.
Hasta luego.
"The act of music is one of many possible actions through which the inexpressible benevolence of the creative impulse may enter our lives, and direct and shape them in a way and manner so radical and overwhelming that one single note might change our world..." - Robert Fripp