Estar dentro del proceso musical tiende, a veces, a ser una gestión un tanto ambivalente. Es por eso que no es menester fácil ni simplificado el conseguir una evolución personal del individuo ejecutor que vaya de la mano con la natural tendencia del arte a ser un movimiento innovador y progresista y de esta manera reflejar mediante su gestión la realidad del contorno socio-cultural que lo rodea.
Quizá esta sea la razón de ser de Astrid Pröll.
Aunque recién nacido, este proyecto carga un bagaje musical que se remonta tan atrás como principios de la década de los años noventa.
Recientemente formado por cuatro veteranos de la escena de rock experimental de la Isla: Agustin Criollo, fundador de la ya infame Iglesia Atómica y artista independiente de la escena subterránea local; Fernando Rosado y Martin Serra, también antiguos miembros de La Iglesia Atómica y músicos de sesión con años de experiencia en el ámbito musical de la isla junto al Profesor Andres Lugo, instigador, compositor e intérprete de los colectivos de multimedios Matotumba y Sketch; Astrid Pröll se suma al reciente movimiento vanguardista de la isla con un sonido retante y abarcador. La inevitable conclusión evolutiva de más de 15 años de carrera musical.
La propuesta de Astrid Pröll, aunque a tiempos, caótica y apocalíptica, desea reflejar la realidad social y política del medio ambiente que les rodea.
No es su deseo estetizar ni remosar su visión sobre la decadencia intelectual que enajena al individuo moderno de una realidad más humana y realista.
¡El conocimiento es poder!
Y la verdad, por encima de todo, es la única regla fundamental.
Es por eso que Astrid prefiere llamar las cosas por su nombre.
A lo miserable, miserable.
A lo torcido, torcido; y a lo hermoso, hermoso.
Su arma más efectiva es la conceptualización de su realidad artística y la fusión de varios medios, no sólo el sonoro, para denunciar tal realidad.
Tampoco se persigue la “canonización” moral ni cultural de su gestión artística, porque sería un terrible atentado en contra de su convicción “ANTI-culto-a-la-personalidad” y de su ya legendaria auto-crítica.
El ser humano es una amalgama de cambios, situaciones y experiencias; asimilando y aprendiendo de estos, quizá sea el primer paso para una mejor coexistencia entre el ejecutor y lo ejecutado.
Este sólo es el comienzo de una nueva etapa para estos “no tan nuevos” músicos de la escena local. Quizá una nueva búsqueda sonora. Una inevitable evolución musical hacia un territorio más a tono con su realidad actual. La creación de un espacio manifestativo que logre integrar al individuo y su gestión artística.
Sea lo que sea, lo conoceremos como Astrid Pröll.