The Drift es el primer álbum del reconocido cantautor Scott Walker desde Tilt, poderosa y elaborada producción que resquebrajaba por completo su pasado como excelente y muy popular autor e intérprete de canciones en un entorno de pop orquestado con tendencias barrocas (algo así como Sinatra en Absynthe), y el cual dista de 1995. Tilt mostró el lado de experimentación sonora y lingüística nunca antes visto en Walker y en muy pocos exponentes de la música popular, y creó una división permanente entre fanáticos de su anterior estilo. Este disco sigue ese patrón, pero lo lleva a extremos insólitos: disonancias avasalladoras, bloques de sonido que golpean las sienes, densos y lúgubres patrones rítmicos, todos alrededor de la voz apesadumbrada de Walker expresando pura desolación, destrucción, muerte y sublime ironía (escuchar su personificación del Pato Donald en “The Escape”). Es un sonido colectivo temible, que como su predecesor, se adentra en los terrenos de la composición clásica contemporánea y el avant garde pero utilizando la canción como vehículo (y haciéndolo pedazos en el trayecto). El resultado es una de las obras más potentes y turbadoras de los últimos tiempos. ¿Once años tardó en realizar este disco? Valió la pena cada minuto esperándolo.