NO FUN FEST 2006 Por Jorge Castro
Fotos por Pierre Richardson y Jorge Castro
Durante los últimos tres años, el No Fun Festival ha atraído a una notable cantidad de gente hasta Nueva York, precisamente a los clubes donde se celebra: Northsix (2004) y The Hook (2005, 2006), ambos localizados en Brooklyn, New York. No Fun es el festival más importante dentro del panorama mundial del “noise music”. El venezolano Carlos Giffoni realiza un excelente trabajo de curación, intercalando todos los géneros del noise y la música improvisada. Esta tercera edición del festival fue celebrada los días 17, 18 y 19 de marzo del 2006.
VIERNES Después de presenciar los últimos minutos del cuarteto de chicas 16 Bitch Pile Up, se presentó Jessica Rylan (aka Can’t) que con su voz procesada a través de un sintetizador. Castigó nuestros oídos con melodía ruidosa.
Próximo fue Aaron Dilloway, quien aumentó el nivel de energía e integración con el público. Al escenario se subieron sus ex compañeros (los Wolf Eyes y Spencer de Burning Star Core) a impulsarlo en su performance, empujando y gritando cuando los sonidos que creaba Dilloway (pequeños micrófonos metidos en la boca) alcanzaban su máximo volumen.
El trío de Lee Ranaldo (Sonic Youth), Chris Corsano y Bill Nace (Vampire Belt) fue el siguiente en el escenario. Tocaron 25 minutos de ruido con dos guitarras y batería. Ranaldo y Corsano fueron especialmente brutales en su ejecución.
Luego de presenciar un set devastador por Carlos Giffoni y Zbigniew Karkowski, aparecieron Zeena Parkins e Ikue Mori para presentar un sonido más tranquilo. Parkins utilizaba un arpa, la que golpeaba y frotaba varios artefactos. Mori, sentada frente a su laptop, disparaba algunos beats y otros ruidos.
El último acto que vi el viernes fue Solmania, legendario dúo japonés que construye sus propias guitarras y hace un ruido excelente, utilizando una gigantesca “pedalera” por la cual procesa estas guitarras.
SABADO Mi primera experiencia sonora del sábado fue gracias a Hive Mind, quien presentó una de mis intervenciones favoritas durante el festival. Utilizando su inseparable sintetizador, creó una monstruosa barrera de sonido que llenó el espacio físico de la sala.
Bloodyminded le siguió. Hacen Power Electronics (similar al noise, pero más estructurado y casi siempre con voz). Hizo buen uso del gran sistema de sonido en The Hook y su acto produjo que el público enloqueciera en un “pit” gigantesco.
El cuarteto White Rock, formado por Mike y Maya de Double Leopards, junto a Brian y Nate de Mouthus, utilizó guitarras, batería y varios micrófonos para crear una nube gris y ruidosa.
James “Twig” Harper actuó ante un público ajeno a la mala noticia sobre el fuego en su residencia / estudio (Tarantula Hill en Baltimore, MD) que ocurrió ese mismo día 17. Harper ofreció un set donde predominaron las voces, emitiendo gruñidos, gritos y palabras.
El esperado acto de Daniel Menche se materializó frente a una sala repleta. Menche usó su voz amplificada para formar una pieza súper densa. Además, ser testigo de su frenética presencia en el escenario fue muy agradable.
Uno de los actos más anticipados del festival era Macronympha. Joe Roemer cuenta con el regreso de Rodger Stella, quien dejó el grupo hace 10 años. En esta ocasión se integrarían Tim Oliveira (Stimbox) y Dominick Fernow (Prurient). Al comenzar el ruido, cervezas, sillas y mesas volaron por los aires. Roemer tenía unos barriles en cada mano, que golpeaba, Stella incitando al público, Fernow buscando crear el caos y Oliveira mantuvo el sonido corriendo a máximo volumen. Una muestra del performance basado en “acción” que caracterizó el noise de la década de los años 1990.
La noche terminó con la actuación de Wolf Eyes. Recién expuestos a un público mayor por Sub Pop Records, Wolf Eyes sería el acto más esperado por la nueva generación. Los chicos de Michigan saben bien lo que hacen, y en el No Fun realizaron un set espectacular, incluso contando con la actuación de Aaron Dilloway en la mitad de las canciones que tocaron. Se destacaron los sonidos percusivos y monstruosos de Nate Young y las guitarras hechas en casa de John Olson y Mike Connelly.
Ya casi a las 3:30 de la madrugada y después de pasar unas ocho horas de pié, decidí terminar con mi jornada No Fun 2006. Al día siguiente me esperaban cuatro horas más en carro hasta Boston. Pero me fui con la impresión de que el Festival No Fun de seguro necesitará un espacio más grande en el 2007. Y de nuevo, me apunto.